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Jueves,
noviembre 17, 2005-Diario El Deber
ALGUNOS
TEMAS DE POLITICA EXTERIOR
Por:
Agustín Saavedra Weise (*)
La
política exterior de Bolivia refleja por un lado las legítimas
aspiraciones y el interés nacional de la República. Por
el otro, es un hecho que se encuentra limitada en su capacidad por algunas
desventajas estructurales que tiene nuestro país, entre ellas su
dependencia externa en materia de créditos concesionales y cooperación
internacional.
Así como es común repetir el dicho de que la política
exterior es el reflejo de la política interna, bajo algunas circunstancias
también podríamos decir en Bolivia que la política
interior (y exterior) refleja en parte las presiones externas del país.
En todo caso y más allá de la coyuntura política,
la nación tiene intereses y objetivos permanentes, los que han
ido plasmando con el tiempo una política de estado en materia de
política exterior.
Vivimos una era globalizada y con los tremendos desafíos que ella
acarrea, tomando en cuenta que dicha globalización genera elementos
tanto positivos como negativos.
La legítima demanda boliviana de un retorno al mar para romper
así su forzado enclaustramiento que se viene arrastrando desde
1879, es uno de los elementos clave en el diseño inteligente de
nuestra política exterior. Por otro lado, la relación de
Bolivia con su periferia inmediata es fundamental. En este campo, debe
mantenerse el fortalecimiento de los vínculos nacionales con los
países limítrofes, como también con los esquemas
integracionistas de la Comunidad Andina y del Mercado Común del
Sur (MERCOSUR).
Una política exterior orientada sobre cánones tradicionales
pero con visión del Siglo XXI resulta ser imprescindible, como
también debe mantenerse el sano y tradicional postulado diplomático
boliviano de ser tierra de contactos y gravitaciones múltiples,
verdadera bisagra de la integración sudamericana.
Y en el campo de la integración, debe tomarse en cuenta que por
estar Bolivia en el centro del sudcontinente, su territorio es parte fundamental
de los ejes interoceánicos programados por la Iniciativa para la
Integración de la Infraestructura Regional Sudamericana (IIRSA).
En la medida en que todos los proyectos de IIRSA se vayan concretando,
Bolivia será verazmente un nexo crucial de la integración
regional.
Esa misma integración debe darse por el lado energético.
Recordemos una vez más que el camino de la Unión Europea
se construyó a partir de la Comunicad del Carbón y del Acero,
siendo la energía pivote fundamental. Con las segundas reservas
probadas de gas más grandes de Sudamérica, nuestro país
está llamado a ser factor preponderante de la futura integración
energética, en la medida en que se genere confianza y se diseñe
una política exterior e interior inteligente en este vital campo
para el futuro de Bolivia.
Por otra parte, Bolivia ha sostenido, sostiene y sostendrá excelentes
relaciones en el ámbito latinoamericano, como también con
Europa, el Japón y ahora la China. En este contexto, resulta crucial
el manejo adecuado de las relaciones externas con los Estados Unidos de
América, superpotencia dominante y líder mundial. Lamentablemente,
gran parte de los vínculos bolivianos con EE. UU. han estado signados
por el tema del narcotráfico. Importante como es luchar contra
ese flagelo y su propagación, la política exterior de Bolivia
hacia EE.UU. debe extenderse hacia otros horizontes. En la actualidad
y como es sabido, Estados Unidos impulsa vigorasamente la formación
del Acuerdo de Libre Comercio de las Américas (ALCA). En la última
reunión Cumbre de Mar del Plata han surgido numerosas voces a favor
y en contra de ese proceso. Bolivia sobre la base de su estricto
interés nacional debe definir pronto su futuro paso de acción
en torno al ALCA, aquilatando debidamente sus ventajas y desventajas,
proceso que tengo entendido se encuentra en curso.
Quedan muchos temas pendientes en la agenda de una política exterior
adecuada a los tiempos que corren, pero los parámetros fundamentales
son los someramente esbozados. Lo importante es tener los mecanismos concretos
que puedan poner en práctica una inteligente política exterior
mediante su brazo ejecutor fundamental, que es la diplomacia. Mucho se
ha avanzado en lo institucional, pero todavía gran parte de los
cargos diplomáticos son distribuidos festivatoriamente como parte
de botines políticos. Esto tiene que superarse.
Una Bolivia democrática, bien organizada y con sus instituciones
en proceso de fortalecimiento, podrá crear condiciones aptas para
una sana proyección externa del país, maximizando las potencialidades
y minimizando las limitaciones. No hay nada que inventar, pero sí
mucho por hacer y mejorar en la próxima etapa que se iniciará
a partir de la asunción al mando del nuevo gobierno constitucional,
en enero de 2006.
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(*) Embajador de Carrera del Servicio Exterior. Ex Canciller de la
República, Economista y Politólogo.
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